El combate de Angamos narrado por un marino chileno

En su obra «El monitor Huáscar» el almirante chileno Pedro Espina Ritchie traza una descripción respetuosa y admirativa de Miguel Grau y sus valientes durante el combate que decidió la hegemonía naval del adversario en la guerra del guano y el salitre.

El 30 de septiembre de 1879 zarpan de Arica el monitor «Huáscar» y la corbeta «Unión» bajo el mando del almirante Grau en su última correría a los puertos de Chile.

En esta oportunidad Grau apreció mal la situación. En efecto, tenía conocimiento de que los buques chilenos habían sido recientemente reparados y el blindado «Cochrane» desarrolló durante las pruebas una velocidad cercana a los 12 nudos. Hasta hoy día no se ha logrado establecer en forma definitiva el móvil de esta incursión.

Se han escrito varias versiones que tratan de explicar las razones que pudieron dar motivo a la actitud del almirante Grau antes del encuentro con la escuadra chilena en Angamos.

Se ha dicho que el almirante conocía las reparaciones del «Cochrane«, pero no el dato exacto de su velocidad. Otra versión sostiene que Grau salió de Arica contra su voluntad, en cumplimiento de una orden de Prado, que ignoraba los movimientos de los buques chilenos y las reparaciones de que había sido objeto el blindado chileno.

El 2 de octubre la escuadra chilena zarpa desde Mejillones (Antofagasta-Chile) rumbo a Arica para atacar a los buques enemigos en esta base el día 4 al amanecer. Lamentablemente, el «Huáscar» y «Unión», objeto principal de esta operación naval, habían zarpado al sur el día 30 de septiembre.

Las naves chilenas y peruanas vuelven a cruzarse una vez más en alta mar sin avistarse.

Los barcos chilenos se mantienen sobre las máquinas a la vista de Arica. El comodoro Riveros reúne a los comandantes en el buque insignia y acuerda diferir el ataque a este puerto y regresar con la escuadra a Mejillones.

Riveros dice en una de sus notas:

«Acordé con los comandantes de los buques salir de aquel puerto a altas horas de la noche, con la escuadra en dos divisiones: la de más lento andar navegaría a la vista de tierra inspeccionando las caletas y cualquier abrigo de la costa donde pudiera hallarse el enemigo, y la otra, de las naves ligeras, iría detrás, a 20 o 25 millas más o menos lejos de tierra«.

En realidad esta división zarpó primero. Con estas órdenes de navegación resultaba muy difícil que la división de Grau pudiese regresar a Arica sin encontrar a la escuadra chilena en su ruta.

Luego de fondear en Mejillones, Latorre se pone en comunicación telegráfica con el ministro Sotomayor y le informa de la resolución tomada por el comodoro Riveros. A su vez Sotomayor informa sobre avistamientos de las naves peruanas en los puertos situados al sur de Antofagasta.

Propone darles caza en el viaje de regreso al norte, situando una división a la altura de Antofagasta y la otra frente a Mejillones, de acuerdo con el plan de captura del «Huáscar» aprobado anteriormente.

Entretanto en la primera semana de octubre, el «Huáscar» aparece como un fantasma en los puertos de Coquimbo, Tongoy y Los Vilos. El día 6 regresa al norte.

Riveros y Latorre estudian los últimos detalles del plan para interceptar al «Huáscar» y «Unión» entre 1 noche del 7 y la mañana del 8.

El 7 de octubre, al ancla en Mejillones, la escuadra se encontraba en faena de carbón y alistándose para zarpar. En resumen, el plan era el siguiente:

La división de Riveros en observación frente a Antofagasta defenderá esta plaza en caso de ser atacada por la división de Grau proveniente del sur.

Si los buques peruanos, «Huáscar» y «Unión«, rehúyen el combate y continúan su navegación al norte, Riveros los perseguirá de cerca y al mismo tiempo deberá evitar que regresen al sur, con el objeto de producir el encuentro con la división ligera de Latorre que lo esperaría a la altura de Punta Angamos, cruzando de este a oeste hasta 50 millas de la costa.

Con respecto a esta última parte del plan que debe ejecutar la división de Latorre, este propone que el crucero se extienda a sólo 20 millas de la costa en vez de 50 millas. Esta modificación la pone en conocimiento del ministro, previa conformidad del comodoro Riveros.

A Sotomayor y Latorre se debe atribuir la hábil combinación que preparó la operación naval del 8 de octubre, dice el almirante García en su libro. Sin embargo, estimamos que, lógicamente, Riveros no pudo estar ajeno a la preparación del plan de captura del «Huáscar«.

La primera división zarpó a las 10 p.m. del día 7 y la segunda división lo hizo dos horas más tarde.

En las primeras horas del 8 de octubre, la escuadra puso en ejecución el plan para capturar el «Huáscar«.

La división pesada al mando de Riveros e integrada por el «Blanco», «Covadonga» y «Matías Cousiño» navega al sur cerca de la costa a tomar posición frente a Antofagasta.

A las 3:30 a.m. del 8, a la altura de Punta Tetas (Antofagasta en Chile), avista por la proa al monitor acompañado de la corbeta «Unión«. Como se había previsto, estos buques evitan el combate y viran hacia el suroeste, luego al oeste y después al norte.

Los barcos chilenos los persiguen a velocidad reducida para facilitar a aquellos la huida al norte, impidiéndoles virar al sur, y produciéndose finalmente el encuentro con la división de mayor velocidad de Latorre.

A las 7:15 a.m. el «Huáscar» avista humos hacia el noroeste reconociendo luego a la división que comanda Latorre, formada por el «Cochrane«, «O’Higgins» y «Loa» que navega hacia la costa para cortar el rumbo a los buques peruanos.

El monitor se dirige a toda velocidad hacia el noreste para tratar de pasar entre el «Cochrane» y Punta Angamos. El blindado chileno, ahora con su casco limpio y sus máquinas y calderas recorridas, desarrolla un poco más velocidad que el «Huáscar» y le impide la retirada. Entretanto la corbeta «Unión«, al mando de García y García, logra huir rumbo al norte; la persigue la «O’Higgins» y el «Loa» sin lograr darle alcance. El comandante de la «Unión» pudo presentar combate a los barcos chilenos, pues contaba con mejor artillería y mayor andar. A las 9:25 a.m. el «Huáscar» rompe el fuego contra el «Cochrane» a una distancia de 3,000 metros. Este buque continúa acercándose sin disparar.

A las 9:45 a.m. responde el fuego del monitor a 2,200 metros de distancia. Una granada de 9 pulgadas del «Cochrane» perfora la torre de artillería del buque peruano causando la muerte de doce artilleros y serios destrozos en el material.

Otra inutiliza el telégrafo de la máquina y el mecanismo de gobierno. La cuarta granada destroza la torre de mando y pone fin a la existencia del almirante Grau y a la de su ayudante el teniente Ferré. El «Huáscar» no logra reponerse de los daños causados y continúa recibiendo severo castigo por certeros disparos del «Cochrane«.

Por todas partes muerte y destrucción a causa de las granadas del blindado chileno las que, además, producen incendios en ocho sitios diferentes. El sistema de gobierno es averiado en tres diferentes ocasiones; la torre de artillería con serias averías muestra su cañón derecho desmontado y los cañones de pequeño calibre y ametralladoras fuera de servicio.

A las 10: 10 a.m. el «Blanco» comienza a participar en la acción, cuando el monitor peruano estaba ya prácticamente fuera de combate. A las 10:55 a.m. el «Huáscar» se rinde después de una obstinada y heroica resistencia.

El combate dura una hora y media. Personal de nuestra escuadra toma posesión del «Huáscar» e iza la bandera chilena en el monitor. Después de la muerte de Grau correspondió el mando del «Huáscar» al capitán don Elías Aguirre. Muerto este lo tomó el capitán don Manuel Melitón Carvajal el que, herido de gravedad por un casco de granada, fue conducido a la enfermería. Le sucedió entonces en el mando el teniente don Pedro Gárezon.

El teniente Juan M. Simpson y una sección de marinería del blindado «Cochrane» aborda al «Huáscar» y adopta enérgicas medidas para mantener la disciplina, especialmente entre el personal extranjero contratado, como también para que se cumplieran sus órdenes de cerrar las válvulas de mar que habían sido abiertas con el objeto de hundir el barco, lo que había sido acordado, según se decía a bordo, por los tenientes Gárezon, Palacios y el alférez Herrera.

Esto lo explica el teniente Gárezon como sigue:

«Había mandado al alférez Ricardo Herrera a ordenar al ingeniero jefe que procediera a echar a pique el buque abriendo las válvulas en cumplimiento a instrucciones anteriores del almirante Grau.
Los ingenieros, en cumplimiento de esta orden, vaciaron la entrada de agua salada de circulación de los condensadores a la sentina, lo que obligaba al ingeniero jefe MacMahon y a sus ayudantes a cerrar la válvula de ingreso de vapor a la máquina de propulsión y parar el buque«. Cuando bajó a la máquina el teniente Simpson, revólver en mano, ordena suspender la inundación. Ya había como tres pies de agua en la sentina superior.

Momentos más tarde atraca un bote del «Blanco» con el capitán de corbeta D. Luis A. Castillo, capitán de corbeta D. Guillermo Peña, algunos oficiales y personal de marinería y máquinas, enfermeros, etc.

Al tomar posesión del barco peruano, el capitán Castillo dio a conocer una disposición del comodoro Riveros, según la cual designaba comandante del «Huáscar» al capitán Peña. Al mando de este distinguido jefe, el buque fondeó en Mejillones en las últimas horas de la tarde.

El teniente 2° Enrique Palacios, del «Huáscar«, fue el alma de la resistencia durante el combate. Varios cascos de granadas y balas de rifles le causan graves heridas, pero sólo abandona el mando cuando cae extenuado por la pérdida de sangre.

Los oficiales chilenos lo recogen moribundo y le prodigan todo género de atenciones como homenaje a su conducta. Es trasbordado al «Cochrane» y se le da el camarote del 2° comandante. Pocos días después fallece en la ambulancia chilena a pesar de los esfuerzos de los cirujanos por salvarle la vida.

El día 9 de octubre se sepultan en Mejillones los restos del almirante Grau y de sus subordinados muertos en el combate. Las honras fúnebres fueron solemnes, asistiendo el ministro Sotomayor, el general Escala, el comodoro Riveros, los comandantes, oficiales, marinería de la escuadra y los batallones Zapadores y Chacabuco de guarnición en dicho puerto.

En su discurso el comodoro Riveros dice que la muerte del, almirante peruano ha sido muy sentida en la escuadra chilena y hace amplia justicia al patriotismo y al valor del que fuera notable marino. El ministro Sotomayor se expresa en términos parecidos y además lee el siguiente telegrama, recién recibido del Gobierno:

«Según relación de US. el almirante Grau ha muerto valientemente en el combate. Cuide que su cadáver sea dignamente sepultado, de manera que jamás se dude de su autenticidad.
Será devuelto al Perú cuando lo reclame. El pueblo chileno, obedeciendo a sus tradiciones, se hace un deber en prestar homenaje al valor y a la honradez«.

Agrega que el citado telegrama está firmado por los ministros de Estado señores Domingo Santa María, Miguel Luis Amunátegui, Augusto Mate y José Antonio Gandarillas.

Los restos de Grau fueron trasladados de Mejillones a Santiago el día 26 de octubre de 1879 al mausoleo de la familia Viel. El destino quiso que el comandante de la corbeta chilena «Chacabuco«, Óscar Viel, y el comandante del monitor peruano «Huáscar«, Miguel Grau, fueran casados con dos hermanas limeñas de apellido Cabero.

El 27 de junio de 1890 los restos de Grau fueron repatriados en la cañonera peruana «Lima«, que había arribado a Valparaíso pocos días antes. A su bordo venía una comitiva oficial integrada por el capitán de navío Manuel Melitón Carvajal, capitán de corbeta Pedro Gárezon y coronel Manuel La Torre. Los dos primeros pertenecieron a la dotación del «Huáscar» en el combate naval de Angamos, durante el cual tuvieron un destacado desempeño.

Las cenizas de Grau fueron despedidas con grandes homenajes por el Gobierno del presidente Balmaceda y pueblo de Chile.

 

Melitón Carvajal (Perú)