Los restos de Miguel Grau

Miguel Grau

En Angamos el 8 de octubre de 1879, con el grado de Contralmirante, no hizo más que cumplir con lo que él había profetizado”… si el Huáscar no regresa triunfante al Callao tampoco yo regresaré”. Se sabe que en dicho combate, al cual los mapochos nombran como “Mejillones”, una granada lanzada desde el blindado chileno Cochrane cayó en la torre de mando donde se encontraba Grau con su oficial de ordenes Diego Ferré, volando su cuerpo en pedazos.

Romero dice que los dientes de Grau quedaron incrustados en la cubierta. Tras una hora treinta y cinco minutos de combate, muertos y heridos ya todos los oficiales y bajo el comando del teniente primero Pedro Garezón, los chilenos abordaron el monitor. Al ingresar al camarote de Grau, vieron colgada la imagen de Santa Rosa de Lima a la que Grau solía rezar, estaba cubierta de sangre, podía verse en ella cinco perforaciones de bala.

 

¿Pero, qué sucedió con los restos del contralmirante Grau?

Como vimos anteriormente el último comandante que tuvo el Huáscar en el combate de Angamos fue el teniente primero Pedro Garezón.

En un memorándum escrito por él, el 4 de setiembre de 1890, dice:

Después de abordado el “Huáscar” por embarcaciones al mando de tenientes del Cochrane y del Blanco Encalada, yo me negué a ser conducido prisionero con los únicos tres oficiales de Guerra de la dotación que quedaron conmigo en combate: Tenientes segundos SS. Canseco y Santillana y alférez Herrera.

La razón fue por no haber encontrado hasta esos momentos (11 h. 50 m. a.m.) los restos del Contralmirante Grau, y haber sido yo el último en quien había recaído el mando del buque”.

Al permitirle el teniente chileno Simpson, que era el jefe de los que abordaron el “Huáscar” de que podía continuar a bordo buscando el cuerpo de Grau, Garezón permaneció en la entrada la tarde, hasta que encontró el cuerpo intacto del teniente primero Diego Ferré y finalmente rebuscando entre los escombros encontró los restos del Contralmirante Grau.

“Confundido con las astillas de madera y pedazos de fierro, que ahí existían, al lado de estribor y como a la altura de un metro, un trozo de pierna blanca y velluda, solo desde la mitad de la pantorrilla al pie, el que estaba calzado con botín de cuero;(…) por la situación de ellos conocí que era la pierna derecha; esto fue todo lo que encontré de 4 a 5 de la tarde”.(teniente primero Pedro Garezón).

La pierna derecha de Grau fue envuelta en un pabellón de bote y colocada por los chilenos dentro de un aparato con alcohol a bordo del “Blanco Encalada” y finalmente puesta en una cajita que llevaba como distintivo una cruz de madera con letras negras.

Pedro Garezón sostiene que él tenía la plena seguridad que esos restos eran del Contralmirante Grau, por que él había servido cinco años con Grau y lo conocía bastante y porque en la torre del comandante no estaban más personas que él y su ayudante Diego Ferré y dado que el cuerpo de Ferré se encontró íntegro, lo que él encontró tenía que ser los restos del Contralmirante Grau.

La pierna derecha de Grau y una parte de su cráneo (mandíbula) hallada por los chilenos fueron enterrados inicialmente en Antofagasta, siendo trasladados posteriormente al mausoleo de la familia Viel en Santiago de Chile, por haberlo pedido así el Contralmirante chileno Oscar Viel y Toro, compadre y concuñado de Grau, mediante una solicitud a su gobierno.

Posteriormente otro compadre, el ministro peruano Carlos Elías gestionó en Chile el traslado de los restos en una “urna” al Perú, hecho acontecido el 15 de julio de 1890 durante el gobierno de Andrés A. Cáceres, los que serían enterrados inicialmente en el mausoleo del Mariscal Ramón Castilla en el cementerio Presbítero Maestro, permaneciendo en el hasta el 8 de setiembre 1908 en que habiéndose construido “la Cripta de los Héroes”, fueron trasladados allí en solemne ceremonia.

El 21 de marzo de 1958, el presidente Manuel Prado Ugarteche, acompañado de su gabinete ministerial y altas personalidades, entre las que se hallaban María Luisa Grau, hija del héroe, y el sobreviviente de Angamos el alférez de fragata Manuel Elías Bonnemaison, recibió del gobierno chileno las reliquias de Grau, “un trozo de tibia”, un escapulario y un detente, una cinta de seda, un juego de charreteras de su uniforme de marino y un libro en inglés titulado ”North Atlantic”, testimonio de su afán por el perfeccionamiento náutico.

Esta tibia de nuestro héroe descansa hoy en la “Escuela Naval del Callao”, mientras sus otros restos al que historiamos anteriormente yacen en “la Cripta de los Héroes” en el cementerio Presbítero Maestro.