El estado dramático de la flota un mes antes de la guerra

En el tomo XI, volumen I, de la “Historia Marítima del Perú” el historiador naval y contralmirante Melitón Carvajal Pareja da cuenta del estado en que estaba la flota de guerra del Perú en marzo de 1879.

 

 

FRAGATA INDEPENDENCIA

Su tripulación apenas era de 84, esto es, el 28% de una planta de 300. Aunque fuese completada en ese momento, habida cuenta de su situación de reparación, era impo­sible que pudiera ser disciplinada y entrenada para combatir. Ello tendría que esperar hasta que todo estuviese concluido. Los trabajos de cambio de calderas, recorrido de la planta de ingenie­ría, doble fondo, carboneras, etc., tenían un buen grado de avance y, en ese mismo día, se llevaría a cabo la prueba general con el buque fondeado. Luego entraría a dique para limpieza y pintado de fondos y recorrido de válvulas. Sin embargo, el buque no estaría listo hasta fines de abril. Teóricamente, podría desarrollar su velocidad de cuando nueva: 11 nudos máximo.

Las cureñas y compresoras de los cañones de a 70 estaban en reparación en la Factoría Naval. Estaba pendiente la instalación de un cañón Armstrong terrestre, ánima lisa, de a 300 libras, en lugar de la colisa original de proa de a 150, deci­dida por el ministro Del Solar, a insistencia del presidente Prado, luego de que una comisión, pre­sidida por More, opinase favora­blemente. Se consideraba que la fragata podría hacer averías de mayor consideración al combatir contra buques blindados. Sin em­bargo, el Consejo de Ministros, que no sabía de temas tácticos, aunque sí debió hacerlo la comi­sión, no consideró que el cambio de sistema a corredera fija para esa colisa imponía una limitación para apuntar y disparar con ella contra un blanco: el buque mis­mo debía apuntar al objeto. La artillería estaría lista para prueba a fines de marzo y, en el mejor de los casos, para cuando saliera a prueba de máquinas en la mar, a fines de abril. Para esa fecha, su potencia de fuego en andana­das por banda sería de 720 pdrs. (libras).

MONITOR HUÁSCAR

Su tripulación era de 69, esto es, el 35% de una planta de 200. Con esta dotación, si bien el bu­que podía navegar, en cambio no podía combatir, porque no estaba completa ni entrenada. Su planta de ingeniería se encontraba, en general, en buen estado. En dique había limpiado y pintado fondos, y recorrido sus válvulas. Podía desempeñar cualquier comisión. Teóricamente, podría desarrollar no la velocidad de diseño de 12.27 nudos, pero sí 11 nudos, que era lo máximo que había alcanzado du­rante su existencia. Los cañones de a 300 de la torre se encontraban en buen orden, con su pólvora y munición a bordo. Su artillería no había disparado desde 1877. Sus sectores de fuego eran de 600 pdrs. (libras).

 

MONITOR ATAHUALPA

Su tripulación era de unos 39, esto es, 39% de una planta de 1oo. Si bien con esta dotación podía na­vegar, en cambio no podía comba­tir porque no estaba completa ni entrenada. Tenía pendiente reali­zar la prueba de su planta de inge­niería, después de dique. Si las cal­deras grandes estaban en buenas condiciones, podría navegar entre 4 a 5 nudos. El último ejercicio de tiro había sido en octubre de 1877. Se le probaría con la de máquinas en la mar.

 

MONITOR MANCO CÁPAC

Su tripulación era de unos 30, esto es, el 30% de una planta de 100, que no podía combatir porque no estaba completa ni entrenada. Luego de la reparación integral a que estuviera sometido, no había probado sus calderas grandes y máquinas. Tenía sus fondos lim­pios y pintados. Si las calderas grandes estaban en buen estado, podría alcanzar 4 a 5 nudos. La ar­tillería no había disparado desde 1874. Recién se le probaría cuan­do saliese a la mar para probar máquinas. El sector de fuego se mantenía limitado por el velamen y pasarelas instaladas a popa de la torre. Se había hecho pedidos de pólvora y munición para contar con 100 tiros por cañón.

 

CORBETA UNIÓN

Su tripulación era de unos 117, esto es, el 65% de una planta de 180. Si bien el comandante general había ordenado que intensificase el entrenamiento artillero de la do­tación, no había realizado ejercicio de tiro real alguno, ni enganchado nuevo personal. Se encontraba en el litoral sur. A su regreso entraría a dique para algunos trabajos en la obra viva, limpieza y pintado de fondos. Sus calderas necesitaban reparación, pues su estado limi­taba la velocidad a menos de 12 nudos. No se tenía informes del estado de la artillería, que no había disparado desde 1877.

 

CAÑONERA PILCOMAYO

Su tripulación era de unos 108, esto es, el 86% de una planta de 125. Ante la orden de la Coman­dancia General de intensificar el entrenamiento, realizó un ejercicio de tiro real a bala, con su artillería de a 70, sin inconvenientes, duran­te la segunda quincena de febrero. Había sido el primer y único buque de la escuadra en realizar ejercicio de tiro. Luego de su ejercicio de ar­tillería, había hecho el pedido para reponer la pólvora y munición de a 70 consumida, y cumplir así con tener 100 tiros por pieza. Tampoco había enganchado tripulación para completar la dotación. Se encon­traba en el litoral sur en misión de vigilancia. Teóricamente podía de­sarrollar su velocidad de máquina de cuando era nueva. Por coinciden­cia, en ese mismo 7 de marzo, ha­bía iniciado el transporte de tropas desde Moliendo hasta Iquique.

Parecería, pues, que todo el problema de enganche de perso­nal se reducía a pagar dos meses de avance para conseguir los casi 600 hombres que se requerían para completar todas las dotaciones de los buques de combate. Las más críticas eran las de la “Indepen­dencia” y “Huáscar”. Pero este no era el único problema, sino tam­bién lo era el de las especialidades, más aún cuando el tiempo apre­miaba. Así, había que enganchar no sólo marineros que conociesen de su trabajo en cubierta y maniobra, sino también a carboneros y fogoneros que pudieran estar dis­ponibles.

Pero lo más difícil y esca­so era, seguramente, los artilleros ordinarios y de preferencia, que era una especialidad que no tenía por qué abundar en el Callao, en particular entre gente de habla his­pana. Cada buque tenía entre un 30 a 40% de gente de habla inglesa y de otras nacionalidades. No era tampoco que el entrenamiento se redujera a los ejercicios y prácticas de tiro, sino que los había de otra naturaleza como ejercicios de se­ñales, de cierre estanco, de control de averías, de incendio, de auxilio exterior, y de familiarización con el buque mismo. Por otro lado, tam­bién el de contratar oficiales de mar, que faltaban. Al 7 de marzo, el tiempo disponible iba resultan­do cada vez más corto para que las futuras tripulaciones alcanzaran el grado de alistamiento óptimo para combatir antes de iniciar cualquier campaña. Para esos 600 hombres se requería, obviamente, dinero para pagar los adelantos.

Ciertamente, debe haber ha­bido algunos inconvenientes para cumplir con la orden del co­mandante general de Marina, de completar una existencia de 100 tiros por cañón en cada buque. Cabe recordar que, con motivo del desarme de 1871, se desembarcó toda la munición y pólvora. Si se considera que esa hubiera sido la existencia a 1879, a pesar de que hubo ejercicios de tiro y otros en­frentamientos durante la década, y visto que tampoco hay registros de adquisición de munición, la “Inde­pendencia” necesitaría como míni­mo unos 600 proyectiles de a 70; el “Huáscar” igualmente 102 de a 40; el “Manco Cápac” 165 de a 500 y el “Atahualpa” 177. Por su parte, la “Unión” necesitaría como mínimo 380 de a 68 y la “Pilcomayo”, 24 de a 40.

Si a esto se agrega la pólvora que se requería, significaba una adquisición apreciable en el ex­terior, que hasta el 7 de marzo no se había concretado en orden de compra alguna, aunque para la pólvora no habría aparentemente problema pues se podía fabricar en el Parque General de Artillería. No toda la pólvora con que se contaba en 1879 estaba en buenas condi­ciones, pues parte se había dete­riorado mientras estuvo deposita­da en tierra, y otra a bordo de los propios buques, a causa de la falta de la vigilancia que pudiera haber habido de contar con el personal adecuado, más la humedad propia en las santa bárbaras.

En general y de acuerdo a los recursos disponibles en el presu­puesto, los buques estaban siendo atendidos en sus pedidos de víve­res, artículos navales, carbón, ves­tuario y, en ciertos casos, el gasto se cargaba a la Partida de Egresos Extraordinarios consignados en el presupuesto.

Como consecuencia de la ex­posición sobre alistamiento ope­rativo al 7 de marzo, el Consejo de Ministros debió haber concluido que los buques no podían cumplir con el objeto para el cual fueron construidos, por lo menos hasta fines de abril, excepto el “Huás­car” y la “Pilcomayo”, siempre que les completasen sus dotaciones y cumplieran un período riguroso de entrenamiento en el mar.

Tampo­co como escuadra, las posibles mi­siones que se les pudiese encargar para cumplir con el fin que le se­ñalaba la Constitución, como par­te de la fuerza pública: defender la soberanía e integridad territorial, esta vez no sólo del país, sino tam­bién de la Alianza, amén de aque­lla de proteger las comunicaciones marítimas vitales para la supervi­vencia de la nación. Para alcanzar su condición combativa para, por lo menos, disputar el control del mar y neutralizar las fuerzas nava­les chilenas, se necesitaba acción y recursos. El factor tiempo y dinero eran vitales. Recién a fines de abril, la flota de combate podría alcan­zar su alistamiento operativo, a condición de tener ya dotaciones completas y rigurosamente entre­nadas.