Grau – El peruano del milenio: La repatración de los restos (XIII)

Traslado al  Cementerio Presbítero Maestro. (Foto: Cronología de la Guerra del Pacífico 1879-1884).

 

1.- Cáceres dispone la repatriación de los restos

De la repatriación de los restos del contralmirante Grau se han ocupado el historiador  Jorge Basadre, el escritor e historiador Enrique Tovar y también, los Directores de la Casa Museo Grau de Piura don Antonio Rumiche Ayala y doña Isabel Ramos Seminario.

Tuvieron que pasar 11 largos años, cuando ya las pasiones se habían morigerado un tanto, para que fuera posible la repatriación de los pocos restos que quedaron del contralmirante don Miguel Grau, Como se recordará esos restos sólo eran  una pierna y un trozo de mandíbula. Durante todo ese tiempo, los restos habían estado, bajo el  respeto que se le guardaron en el mausoleo del general Benjamín Viel uno de cuyos hijos, marino como Grau, fue concuñado del héroe.

En 1890, era Presidente del Perú, el general Andrés Avelino Cáceres, el empecinado patriota, Héroe de la Breña y era diputado por Piura don Pablo Seminario, pariente cercano de Grau, que ya en 1879, cuando  era senador, solicitó el ascenso de Grau.

Pablo Seminario, el 7 de octubre de 1889, presentó un proyecto de ley, pidiendo  la repatriación de los pocos restos que existían de Miguel Grau en Chile. En el proyecto se planteaba la construcción de un gran mausoleo en el Cementerio General y que para atender todos los gastos, se considerase una partida de 30,000 soles con cargo al superávit del Presupuesto General de la República. El diario “El Comercio” se ocupó al día siguiente del pedido, recordando que en ese día se consumó el heroísmo de Grau De inmediato los demás diputados piuranos  Nicanor Rodríguez, Genaro Helguero, Félix Manzanares, Augusto Vegas y José Lama, lo respaldaron y sólo demoró unos cuantos días la tramitación, pasando al Senado. Eran senadores, el almirante Montero, amigo querido de Grau, el coronel Fernando Seminario Echandía  y el Dr. Francisco Eguiguren, todos los cuales lograron que saliera convertido en ley.

El Presidente Cáceres puso gran empeño en  recuperar para la Patria, todos los restos de los que por ella dieron su vida, en la infausta Guerra del 79

Para conseguir tal fin, expidió el 3 de junio de 1890 un Decreto Supremo, por el cual se disponía el traslado a Lima o la repatriación de los restos de quienes sucumbieron en Angamos, Tarapacá, Alto de la Alianza, Arica y Huamachuco, para ser depositados en la tumba especial que se había levantado. En el mismo Decreto Supremo se disponía el nombramiento de una Comisión que viajaría a Chile en la cañonera “Lima” la que estaría presidida por el capitán de navío Melitón Carvajal, sobreviviente del «Huáscar», e integrada por el capitán de fragata Pedro Gárezon, que fuera el último  comandante del glorioso monitor y el coronel Manuel C. de la Torre combatiente del Morro de Arica..La cañonera salió el 15 de junio del Callao.

La ocasión era propicia, porque se encontraba en Santiago como representante del Perú y Ministro Plenipotenciario, don Carlos Elías que fuera dilecto amigo y compadre de Grau. El 29 de mayo el Canciller del Perú, hizo conocer  a Elías los fervientes deseos del general Cáceres de conseguir la repatriación de los restos de nuestros héroes. Demás está decir que nuestro representante en Chile desarrolló una pronta e intensa labor hasta lograr el 9 de junio una entrevista con el Canciller Chileno don Juan Mackenna, el cual se mostró  muy asequible y predispuesto, lo que fue comunicado por Elías a la Cancillería peruana en Lima

Las conversaciones sostenidas se formalizaron con dos notas. La primera del Ministro Elías  al Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, que decía:

Legación del Perú en Chile.- Santiago, 10 de junio de 1890

Excelentísimo Señor

Ministro de Relaciones Exteriores de Chile

Don   Juan E Mackenna

 

Señor:

Confirmando lo que tuve la honra de expresar a V.E verbalmente, cúmpleme manifestarle, que deseando el Gobierno del Perú, que los restos del Señor Contralmirante don Miguel Grau, del Comandante Espinar y de otros peruanos muertos en Arica, reposen en el Cementerio de Lima, se propone enviar al crucero “Lima” para conducir tan preciosas cenizas al Callao.

Confía mi gobierno, que el de V-E. no tendrá inconveniente para dar a esta Legación, con tal objeto, todas las facilidades necesarias y que se dignará ordenar a las autoridades de Arica, que conserven en  la Iglesia Matriz de este puerto, la urna que contiene las cenizas de los combatientes peruanos que allí perecieron.

Aprovecho esta oportunidad, para renovar a V.E. las seguridades de mi alta consideración.

CARLOS M. ELIAS.

Siete días más tarde el Señor Mackenna contestaba en la siguiente forma:

Santiago 17 de junio de 1890

Señor

Carlos Elías

Ministro Plenipotenciario del Perú.

 

Señor:

He tenido la honra de recibir la atenta nota de U.S. de fecha 10 del presente en la que manifiesta que el Gobierno del Perú ha resuelto repatriar los restos del Contralmirante Grau, del Comandante Espinar y de otros peruanos muertos en Arica, enviando al efecto el crucero “Lima” para que los conduzca al puerto del Callao; y me expresa que no dudará  que el Gobierno de Chile, prestará a U.S. todas las facilidades necesarias a ese objeto.

En contestación, me es muy grato significar a U.S. que me he dirigido ya por teléfono a las autoridades de Tacna y Tarapacá a fin de que contribuyan, en cuanto les sea posible a hacer más expedita la tarea de los comisionados peruanos, y al mismo tiempo, anticipo a U.S. que mi Gobierno, hará un deber de allanar todas las dificultades que hubieren de presentarse para el fiel cumplimiento de ese patriótico encargo..

Renuevo a U.S. las seguridades de mi alta consideración

 JUAN MACKENNA

 

2.- Los chilenos rinden honores a Grau

Mostrándose muy diligentes, las autoridades chilenas enviaron a los Comandantes Generales de Tarapacá y Tacna, las órdenes siguientes:

S.E. El Presidente de la República ha resuelto que se tributen a los restos mortales de los Jefes y Oficiales del ejército y Armada del Perú, inhumados en los cementerios de Iquique y Arica que serán repatriados en la cañonera “Lima”, los honores prescritos en la Ordenanza General del Ejército a los empleos militares que desempeñaban en la fecha de su muerte. Lo que comunico a U.S. a fin de que se sirva dictar las medidas consiguientes”

Por entonces era Presidente de Chile don José Balmaceda, el que mostró un gran interés en que no sólo se prestasen todas las facilidades posibles para la repatriación de nuestros héroes, sino dispuso se les tributasen honores militares.

El Ministro de Guerra y Marina envió la siguiente orden al Comandante General de Valparaíso:

El Gobierno del Perú ha resuelto trasladar a Lima los restos de algunos Jefes y Oficiales del Ejército y de la Armada de esa nación inhumados en territorio chileno. Impuesto S.E. el Presidente de la República de esta medida, ha ordenado que se tributen a los restos mortales del Contralmirante don Miguel Grau que se encuentran sepultados en el Cementerio  General de la División y a los restos de los jefes y Oficiales que sean repatriados, los señalados en los títulos LXXXII de la Ordenanza General del Ejército al empleo que desempeñaba cada uno de ellos en la fecha del fallecimiento. Lo que comunico a U.S. para su conocimiento, rogándole que al dar cumplimiento a lo prescrito en este oficio, proceda de acuerdo con la Comandancia General de Marina, a la cual ha dirigido el Ministerio del Ramo, las instrucciones sobre la materia.

 El Ministro de Guerra y Marina, general José Velásquez que fuera combatiente de artillería en la guerra del 79, envió al Comandante General de Santiago, la siguiente orden:

S.E. el Presidente de la República ha resuelto que se tribute  a los restos mortales del Contralmirante don Miguel Grau, que se encuentran sepultados en el Cementerio General de esta ciudad y que serán repatriados próximamente, los honores correspondientes a un General de División. Lo que comunico a US para que se sirva impartir las órdenes correspondientes.

Hago presente, que la cañonera “Lima” de la armada peruana en la cual deben repatriarse los restos del Contralmirante Grau, entrará a Valparaíso el día de hoy según comunicaciones transmitidas al Ministerio e Marina

El Presidente Cáceres había resuelto dar a todos los actos de la repatriación de los restos de Grau y de sus compañeros, toda la solemnidad que fuera posible y fue por tal motivo que escribió frecuentes cartas al Embajador Elías, que antes había sido miembro en varios de su ministerios, para que no escatimara esfuerzo para lograr también en Chile tal propósito. Tales comunicaciones dieron motivo a que Elías viajase de Santiago a Valparaíso para ponerse en contacto con las autoridades y ultimar detalles, encontrando siempre el mejor deseo de dar a los restos de Grau, todos los honores, pues todos conocían la forma caballeresca y generosa con que se portó  en la guerra.

El Presidente Balmaceda de Chile y su Gabinete Ministerial, también mostraron mucho interés en dar a los actos el relieve necesario, y con tal fin tomaba información hasta de los detalles más pequeños. Para hacer más patenta eso, dispuso que el crucero “Esmeralda” escoltase con una nutrida comisión a bordo, a la cañonera “Lima” hasta el Callao. Los integrantes de la comisión, eran  el Obispo de Serena don Florencio de Fontecilla, el capitán de navío don Constantino  Brannen, el Auditor de Marina don Manuel Díaz, el coronel don Ricardo Castro, el Presbítero don Javier Valdés Carrera y el Cirujano don Florencio Middleton.

El 23 de junio el Canciller chileno Mackenna envió comunicaciones a 13 embajadores y representantes de países extranjeros en los que les expresó lo siguiente.

Señor:

Tengo la honra de poner en conocimiento de US que habiendo el Gobierno del Perú, resuelto repatriar los restos de los oficiales muertos en la última guerra, que se hallan depositados en territorio chileno, mi Gobierno se considera en el deber de tributarles los honores correspondientes a los cargos que tuvieron en el Ejército de su patria, y para el efecto, aguarda que US con el personal de la Legación se digne concurrir el Cementerio General, el viernes a las 12. a.m.  a fin de dar a la traslación del cadáver del Contralmirante  Grau, la solemnidad propia  de un acto de esta naturaleza.

Para el viernes 27 de junio, el Gobierno de Chile preparó con anticipación y esmero, un solemne ceremonial para la entrega de los restos del Contralmirante Miguel Grau. Para el acto, se cursó invitaciones a un buen número de corporaciones y personas notables. Los restos debían ser entregados personalmente por el Canciller chileno Mackenna, y en procesión llevados hasta la estación del ferrocarril, donde se dispuso que el Ministro de Marina pronunciara una alocución.  Un tren especial conduciría la urna funeraria hasta Valparaíso, la que sería embarcada en el muelle Prat en cuya oportunidad el Comandante General de Marina debía de hacer uso de la palabra.

Los periódicos de Chile dieron gran publicidad a los actos que debían de llevarse a cargo, y fueron rememorados los actos de valor, generosidad y caballerosidad del contralmirante Grau, se recordó como el padre del héroe había muerto en Valparaíso  y el parentesco que tenía con la familia Viel, en cuyo mausoleo habían reposado los restos durante once años. También se rememoró y volvió a publicar el texto de la carta de pésame enviada por Grau a la viuda de Prat.  Todo eso creó un ambiente de emotividad muy favorable. Fue así como al medio día convergieron hacia las calles por donde iba  pasar la caravana fúnebre miles de personas.

A las 11,30 del día 27 la Legación del Perú estaba atiborrada de gente. Allí estaban los miembros de la Comisión que había llegado en la cañonera “Lima”, los miembros de la Comisiónchilena que acompañarían los restos hasta el Callao en el crucero “Esmeralda”, un edecán del Presidente Balmaceda, varios caballeros amigos del Perú, así como un gran número de expatriados peruanos contrarios al gobierno de Cáceres, pero que en esa oportunidad habían olvidado las discrepancias políticas.

El embajador Elías, recibió en la puerta del Cementerio a las personalidades y corporaciones que habían asistido. Fueron desfilando los Ministros miembros del ejecutivo, de las Cortes de Justicia, del Congreso, de la Universidad, del Municipio, bomberos, clero, corporaciones obreras, de beneficencia y literarias

Se extrajeron los restos del mausoleo Viel y se depositaron en una artística urna mandada  hacer por el Embajador Elías. Un corneta del ejército chileno hizo el toque de silencio. Luego se suscribió un Acta  de entrega, en los términos siguientes:

Cementerio General de Santiago:

Certifico, que bajo el Nª 633 del libro de exhumaciones de este Cementerio General, se halla la siguiente partida: Con arreglo al Supremo Decreto del 23 de los corrientes, la exhumación de los restos  del Señor Contralmirante de la Armada Peruana, don Miguel Grau, sepultado el 26 de octubre de 1879, en el mausoleo del General don Benjamín Viel y entregada a la Comisión nombrada por el Gobierno del Perú.-  Santiago, junio 27 de 1890,- Firmado Carlos M. Elías; M. Mendiburu, Secretario de la Legación; M. Melitón Carvajal.- Manuel C. de la Torre, Pedro Gárezon.- Vº Bº Abraham Gonzáles.- Está conforme.Gaspar del Río,

Adminitrador del Cementerio.

A continuación el Canciller Mackenna pronunció el siguiente discurso:

 Señores:

Hace once años, el Almirante Grau sucumbía en el puesto del deber, y con profundo respeto y calurosa simpatía, entregamos hoy sus restos venerados al Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Perú, para que se les dé un descanso perpetuo en el seno de su patria.

El Almirante Grau, ha pasado ya a la Historia, y su nombre vive  en una esfera a la cual sólo llegan la gratitud de su propio país  y la admiración de los restantes. Fue un soldado que hasta el fin supo cumplir religiosamente su consigna y que en los sacrificios que hizo por su Patria demostraba su amor al deber y la nobleza de su alma, Sean sus cenizas  una prenda de la confraternidad que siempre ha de ligar a la tierra extraña que le ha servido  de pasajero descanso y aquella a la cual se debió  y por la cual perdió su existencia el Almirante Grau.

Señor Ministro del Perú: Chile os entrega y se despide con dolor, de estos gloriosos restos que ha sabido custodiar con cariño y con respeto.

Cuando le tocó hablar al Embajador Elías, lo hizo con muy profunda emoción pues lo había ligado a Grau una íntima amistad y parentesco espiritual. Dijo Elías:

Señores:

Recibo con profunda y patriótica emoción, los restos mortales del Contralmirante Grau, que durante diez años han descansado en tierra chilena y mi primera palabra es de agradecimiento para la distinguida familia que le dio piadosa sepultura en la tumba de sus deudos, al lado de un valiente defensor de la independencia de Chile.

Cúmpleme también agradecer en nombre de mi gobierno al Excelentísimo Gobierno de Chile, esta manifestación de respeto y simpatía con que honra las cenizas del Contralmirante Grau, al entregarlas para que sean trasladados a la Patria.

El Perú quiere pagar la deuda de gratitud que tiene contraída con aquellos de sus hijos que supieron morir como buenos en el campo del honor y perpetuar su recuerdo en monumento levantado por la munificencia del país.

Al llevar hoy estas reliquias queridas del valeroso marino que sucumbió heroicamente sosteniendo la honra de su bandera, al seno de un pueblo que entusiasta y reconocido ve en Grau el símbolo del patriotismo y de la abnegación sublime en el cumplimiento del deber, mi gobierno satisface una aspiración nacional.

Chile, honrando por su parte tan hidalga como espontáneamente, la memoria del más esforzado de sus adversarios en las aguas del Pacífico, demuestra su cultura y elevados sentimientos, y da al Perú, que sabrá estimarlo en todo su valor, una prueba de amistad, que será muy grata y seguramente ha de consolidar las buenas y cordiales relaciones de dos pueblos.

El general peruano  Juan Martín Echenique, que se encontraba avecindado en Santiago, también participó en nombre de la colonia peruana en Chile. Había sido el general Echenique  un combatiente en San Juan y Miraflores y había sido amigo de Grau.. dijo lo siguiente:

Señores:

Unido desde la juventud por los más cordiales vínculos de amistad con Miguel Grau, su compañero de armas y subordinado en la guerra de 1866, y como él, peruano, me es imposible prescindir de tributar a los restos que encierra este ataúd, el homenaje del amor y del respeto que inspiran.

Con este único y bien sentido propósito, me permito reclamar vuestra indulgencia por breves instantes, y no en manera alguna para prodigar elogios a quien fue superior a toda alabanza, ni para narrar la historia de aquel cuyo solo nombre basta para recordar una epopeya.

Los cumplidos honores que se disciernen al Contralmirante Grau por la nación misma  contra la que él  combatió  hasta  perder  la  vida;  la  congoja  que  sentimos  en  este  momento  cuantos  aquí nos encontramos; prueban con elocuencia lo que esos despojos valen para la patria que los reclama, y lo noble y grande del aliento que ayer los animaba.

Grau, Aguirre, Palacios Ferré. y Bolognesi y Espinar. La tierra que mañana va a cubriros en cambio del respetuoso asilo que os prestara el enemigo de ayer, no será la tierra del olvido.!No¡ son nada más que vuestros restos materiales, los que junto y envueltos en la bandera a cuya sombra rendisteis la existencia, hoy a la Patria  tornan;  empero, bien  sabéis allá- en la mansión celeste donde  también están vuestros espíritus- que desde el instante del sublimo sacrificio viviste, como vivía y viviréis eternamente en el culto de todos y cada uno de vuestros compatriotas.

Id, pues, en paz y en gloria hacia los vuestros; veneradas reliquias. ¡ id a decir a esa Patria que os recobra, cuanto la amamos sus ausentes hijos¡ Decidle, que nada amortigua en nuestros corazones, el anhelo por su bien y su grandeza, que es muy duro, muy triste, vivir de ella alejados; y cuanto lamentamos no poder volver con vosotros a su seno.

Y tú, y Dios Todopoderoso, a cuya voluntad todo obedece, haz, oh Señor, que ese vasto mar, teatro unas veces,  y otras  testigo, de las hazañas de sus héroes, calme sus ondas y conduzca venturosa a la nave  que devuelve al pueblo peruano agradecido la ceniza de los que sucumbieron en su defensa; pueblo que quiere contemplarlas y bendecirlas, que quiere humedecerlas con sus lágrimas y que ya, ansioso en sus playas, las esperan como especialísimo tesoro.

La urna con los despojos de Grau fue portada por los peruanos residentes en Chile y por miembros de la Comisión llegada en la cañonera “Lima”. Las cintas fueron dadas  a don Evaristo Sanfuentes, Ministro del Interior y Presidente del Gabinete; J. Causiño miembro de la Corte Suprema de Justicia; a José Evaristo Uriburu, Embajador de Argentina y Decano del Cuerpo Diplomático, a don Juan Mackenna, Ministro de Relaciones Exteriores; a H. da Bacurt, embajador de Francia y al capitán de navío Melitón Carvajal, Presidente de la Comisión Peruana.. La urna fue depositada en un lujoso carro tirado por caballos blancos y con cuatro batidores, Ministros  de Estado y en varios carros el cortejo  se dirigió del Cementerio a la estación del ferrocarril. La comitiva era escoltada por un regimiento de artillería y otro de caballería y a pie un número muy elevado de personas. Cuando a lo largo de cinco kilómetros el cortejo pasó por la Plaza Principal, la banda de músicos del 4ª Regimiento de Línea, tocó el Himno Nacional del Perú, y cuando pasó la  masa humana  por el Palacio de Gobierno de la Moneda, se unió a la muchedumbre la Escuela de Grumetes. En esos momentos el Presidente Balmaceda, apareció en uno de los balcones con la cabeza descubierta. Al llegar el cortejo a la estación del Ferrocarril, se encontró que allí había otra compacta multitud. En ese lugar, el General José Velásquez, ex combatiente del 79 y Ministro de Guerra y Marina, pronunció el siguiente sentido discurso:

Señor Ministro del Perú:

La nación que guarda los restos de un gran ciudadano y de un esclarecido militar,  se levanta y ennoblece. Por esto el Gobierno y el pueblo de Chile tributan con íntimo sentimiento de respeto honores al hijo  predilecto de una república amiga.

Ayer, cuando se le honraba en  el cementerio del Almirante “Blanco Encalada”, decíamos que el patriotismo no reconoce fronteras.

Hoy, al entregar respetuosamente las cenizas del Almirante Grau a los representantes de su patria, podemos decir: la gloria y el heroísmo, no reconocen continentes.

El nombre del Almirante Grau, resonó en el orbe civilizado. Los Gobiernos y los pueblos del suelo americano, tenían sus ojos fijos en la estela que marcaba en el océano la nave peruana. La dirigía un ilustre marino que honrando la bandera y sirviendo los intereses de su país, ganó renombre y gloria imperecedera.

 ¡ Almirante Grau ¡

Un pueblo amigo os saluda y se despide de vuestros restos venerados. Volvéis al hogar y al corazón del Perú. La memoria de vuestros hechos y de vuestro nombre, será conservada por todos los chilenos y especialmente por nuestros marinos y soldados.

Nosotros hemos respetado y respetamos siempre el valor heroico y el deber cumplido.

Fue tal la emoción que embargó a la multitud  este discurso, que tras de profundo silencio, estalló en aplausos  gritando ¡Viva el Perú¡ ¡Viva Chile¡

El Embajador Elías, contestó de la siguiente forma:

Señor Ministro:

Las nobles palabras que acabáis de pronunciar, producirán en el corazón de todos los peruanos la más patriótica satisfacción.

Es propio y digno de una Nación que no sabe escatimar el elogio y la recompensa que merecen sus buenos servidores, reconocer el valor donde quiera que se presente y glorificar el heroísmo de las grandes acciones.

Es cierto que la gloria y el heroísmo no reconocen continentes y por eso buscamos todos en la Historia las más grandes inspiraciones y nos entusiasmamos por aquellos cuyo sacrificio por la Patria los ha inmortalizado. Y esto es común a la humanidad toda ¡ Cuanto más, no deberán serlo al tratarse de pueblos que tienen un mismo origen y que pasado el fragor de la lucha, deben apreciarse recíprocamente!

Muy honroso es para mí, señor General, expresar en nombre de mi Gobierno y de mi país, la más sincera gratitud por el caballeresco homenaje, que hablando en representación  del Ejército y la Marina, tributáis a la memoria del Contralmirante Grau que con tanta razón calificáis de hijo Predilecto del Perú

También estas palabras fueron acogidas con vivas y vítores, lo mismo cuando se anunció que iba hablar el capitán de navío Melitón Carvajal, Presidente de la Comisión Peruana y sobreviviente del “Huáscar”.

El tren en que se llevaron los restos a Valparaíso estaba engalanado y lleno de aparatos florales y la gente permaneció en la estación hasta que se perdió la máquina en la lejanía. Como las ceremonias en Santiago habían llevado mucho tiempo, la locomotora tuvo que acelerar su marcha y fue así como llegó al puerto de Valparaíso a las 6 de la tarde, cuando ya oscurecía por el invierno. En la estación esperaba también una inquieta gran multitud. Allí el Regimiento Nª 3 de Línea, le rindió honores militares. El recorrido al muelle se hizo entre dos filas de marineros. Era Intendente de Valparaíso  y Comandante General de Marina, el contralmirante Juan Williams Rebolledo, él mismo que fue contendor de Grau en la Guerradel Pacífico. Junto con Rebolledo estaba una gran cantidad de Jefes y Oficiales de la Marina chilena. En nombre de ella,  habló el capitán de navío  Salamanca y le respondió el capitán de navío Melitón Carvajal. La urna funeraria se colocó en una falúa engalanada y enlutada con paño negro, que era remolcada por una lancha a vapor de la Gobernación Marítima. A ambos lados de ella en botes de los barcos de guerra se embarcó la comitiva. El mar estaba tranquilo, pero ya había caído la noche y se alumbraban con hachones y con los faros de la cañonera “Lima” y del crucero “Esmeralda”. A las 7 y 30 de la noche  el Comandante Alzamora de la “Lima” recibió la urna. En esa oportunidad el Embajador Carlos Elías pronunció el siguiente discurso

Señores:

Al entregaros para los lleváis a la Patria, estos venerados restos del Contralmirante Grau, que ha descansado en tierra chilena durante diez años, cumplo las instrucciones del Supremo Gobierno que tan patrióticamente ha interpretado el sentir nacional y es doblemente grato para mí este honroso encargo, porque conservo inalterable y con cariñoso respeto el recuerdo del mejor de mis amigos, y me asocio como representante del Perú a un acto de justicia y gratitud que enaltece a la República.

Vosotros señores, que fuisteis, los unos los compañeros de su gloria y de su sacrificio y otros de la legión que combatió con espartano heroísmo en el Morro de Arica, no necesitáis que yo os recuerde las hazañas de Grau.

Ellas quedan como estela luminosa marcando las aguas del Pacífico, el rumbo del honor y del deber.

Grau desde que se inició en la guerra, comprendió la suerte que en ella había de caberle. Conocía el poder de la escuadra enemiga y la fuerza del buque que comandaba, y así desde el primer momento resolvió sacrificarse por su Patria.

Y cuando se le presentó la oportunidad que le ofrecía el ascenso que le otorgó el Congreso, de dejar el mando de su buque que no correspondía ya a su alta clase militar, no quiso aprovecharla,  porque tal acción no era digna de alma tan grande, para conservar el derecho de morir como simple comandante del “Huáscar”.

Hoy, que colocadas sus cenizas en este buque, construido con donativos populares y que representa aquí a la Patria ausente, a la sombra del bicolor querido, paréceme como que veo presentarse radiante de luz, la altiva figura de Grau y erguirse sobre su pedestal de gloria, para decirnos a todos:

Sacad provechosa enseñanza de vuestras desgracias y recordad que la unión es el lema de vuestro escudo. No gastéis vuestra vitalidad en estériles luchas que enervan y debilitan a los pueblos. Buscad en la paz y en el trabajo que engrandece, el secreto de vuestra fuerza y poderío. Y aprended de mí que os dejo trazados con caracteres indelebles en las páginas de nuestra Historia, una lección sublime de heroísmo, para que no olvidéis jamás  como se sirve a la Patria y como se muere por ella.

Este discurso pronunciado con gran emoción, impactó en todos los presentes y sobre todo en los marineros peruanos que lo escucharon con recogimiento y respeto.

Manuel Melitón Carvajal (1847-1935) marino y político peruano.

 

A continuación el capitán de navío Carvajal, compañero de Grau en Angamos, dijo:

Señores:

Al separarse de estas playas la Comisión encargada  por el Gobierno del Perú para trasladar a nuestra Patria los restos del ilustre y benemérito Contralmirante Grau, creo de mí deber hacer uso de la palabra, para expresar una vez más, nuestro agradecimiento por las facilidades que nos ha prestado el Gobierno de Chile y las muestras de personal distinción con que nos ha honrado.

Las glorias militares de las naciones, son evidentemente  los más notables timbres de honra, por que el valor y la nobleza son y serán siempre los sentimientos que más distinguen a los hombres superiores.

La guerra impone terribles sacrificios en aras del deber; los que en el anchuroso mar ayer y siempre, se llamaron hermanos, tienen que ser después los mártires de la lucha en defensa de la honra de su bandera, representando siempre la gloria y el sacrificio por la Patria.

Estas son señores, las ideas que se presentan en mi mente en presencia de estos restos venerados. Tenemos por delante, los despojos del marino, que cumpliendo su deber sacrificó su vida en honor de su bandera, del mismo que catorce años antes en las aguas de Abato, fuera uno de los defensores del honor de la bandera chilena.

Hoy, felizmente, los lazos de amistad unen al Perú y Chile dándonos la satisfacción de ver honrados caballerosa y espontáneamente  por el Gobierno y pueblo chileno, los restos del aliado de 1866 y del noble y heroico Comandante del Huáscar de 1879.

¡ Honor y gloria a estas fechas, agradeciendo de mi parte y a nombre del Perú por la manifestación de hoy¡

Las actuaciones de ese día se cerraron con la intervención del coronel Manuel C. de la Torre, miembro de la Comisión peruana y ex combatiente de Arica.