La miserable condición material del ejército peruano

El historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna retrata implacablemente la desorganización y el desarme que sufría el ejército peruano al comenzar la guerra del guano y el salitre e insiste en su tesis de que el conflicto pudo resolverse prontamente si Tarapacá hubiese sido atacada y tomada en mayo de 1879 y si Lima hubiese sido ocupada en julio.En este capítulo el historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna retrata implacablemente la desorganización y el desarme que sufría el ejército peruano al comenzar la guerra del guano y el salitre e insiste en su tesis de que el conflicto pudo resolverse prontamente si Tarapacá hubiese sido atacada y tomada en mayo de 1879 y si Lima hubiese sido ocupada en julio.

Rifle Comblain: uno de los ¡cinco! que usó el ejército peruano.

 

Hemos visto en el capítulo precedente cuál era la composición del ejército peruano de Tarapacá en cuanto al personal:
– Sus jefes eran por lo común sobresalientes.
– Sus oficiales mediocres.
– Su tropa buena, pero en general bisoña.
– Solo la 2° división estaba compuesta de veteranos, así como un batallón de la 3° o Vanguardia, el Puno.
– La división Velarde constaba en su mayor número de adolescentes salidos de la Escuela de cabos, niños briosos pero débiles.
-La infantería era, por tanto, de batalla, y digna de medirse con el soldado chileno.
-La artillería escasa y deficiente.
-La caballería miserable como siempre.

Es sensible, exclama a este respecto un escritor peruano, aficionado a cosas militares, decir que desde que desapareció el regimiento Húsares de Junín y Ayacucho, el Perú no ha vuelto a tener caballería que pueda contar con un hecho regular de armas. Los gastos crecidos que ocasionan los regimientos de caballería, nos han traído únicamente la verguenza de la fuga de Ingavi, la de los Dragones en Cangallo y la Palma; y nos traerá desgraciadamente otras muchas”.

Pero de todas suertes el ejército de Tarapacá constituía una fuerza considerable de resistencia; y el 20 de mayo, cincuenta días después de declarada la guerra, podía presentar en conjunto un efectivo de 4,000 hombres diseminados en el espacio de cuarenta leguas de caletas y desiertos que se dilata entre Pisagua, la Noria e Iquique.

Pero si el ejército de Tarapacá considerado como músculo y como disciplina, era consistente, desfallecía en todas sus demás condiciones hasta la desorganización y la derrota.

Su armamento, inferior en mucho al del ejército de Chile, presentaba desde luego tres tipos diferentes:

1.-El Comblain,

2.- El ChasseDot y

3.- El Chassepot reformado o rifle peruano.

Algunos cuerpos, como el Zepita, estaban armados con Comblain. Otros como el Dos de Mayo, de la misma división, con rifle peruano, al paso que la 3° división, enviada desde Arequipa, había sido de ligero provista con el antiguo Chassepot, abandonado ya por las dificultades de su quebradiza aguja en espiral.

La división Velarde llegó a Iquique surtida totalmente con rifles peruanos, o más propiamente, rifles Castañón.
La proporción del armamento del ejército de Tarapacá, según un cuadro del estado mayor del 1° de mayo, era el siguiente, en ese día:

 

Rifles Chassepot ………………………………………………………………………..1359

Rifles Castañón ……………………………………………………………………….. 1654

TOTAL ……………………………………………………,…………………………………3965

Observaremos a propósito de este mosaico, más parecido a sala de armas que a armamento, que por su número correspondía al de los soldados que hemos dejado inscritos. Había que agregar a esto 209 carabinas Henry para la caballería.

Fuera de esa provisión de armas, el Perú, país militarizado y de asombrosa riqueza, estaba exhausto, a cargo de la incuria alta pero incorregible y del fraude subalterno tan incorregible como la incuria.

Se le ocurrió a la verdad en Lima en las primeros días de la guerra, el arbitrio de pagar una fuerte prima por la recolección de los rifles que habían quedado dispersos desde la rebelión de los Gutiérrez, mientras llegaban las armas a que daría paso la venta a granel del guano en Estados Unidos, y el cohecho, a granel también, de las autoridades de Panamá. El 27 de marzo salió del Callao (en plena misión La valle) con el fin de conducirlas, el transporte Talismán: tanta prisa se habían dado por el telégrafo los agentes del Perú y aun los de Bolivia.

Logró el buque emisario su comisión con amplio desahogo, gracias a la venalidad de un indigno colombiano, hoy sometido a proceso público, el expresidente del estado de Panamá don Genaro Ortega, y transbordadas las armas y municiones que costaban al Perú su peso en oro ( y esto era barato), regresó en la medianía de abril a su destino sin ser molestado ni por los neutrales de Panamá ni por los bloqueadores de Iquique.

Se componía este armamento especialmente de rifles Remington y de magníficos y pesados rifles Peabody, de alcance considerable pero inadecuados por suscondiciones para el débil infante peruano.

Y fue de esta manera como la infantería de la alianza adquirió el privilegio de pelear más tarde en las jornadas de Tarapacá con rifles de 5 sistemas diferentes:

1.- Chassepot,

2.- Castañón,

3.- Comblain,

4.- Remington y

5.- Peabody.

Pero en lo que la penuria del ejército de Tarapacá llegaba hasta el desastre y el abismo era en la carencia absoluta de municiones.

Consta de los estados que existen originales en la Biblioteca de Santiago, y en varios duplicados, que desde su llegada y durante la primera quincena de mayo de 1879 el ejército peruano estacionado en Iquique, en Moliendo, en la Noria y en Pisagua, no contenía en los morrales de sus cuatro mil soldados y en los estantes de sus parques sino 44 mil paquetes, de diez tiros cada uno, para los diferentes calibres y calidades de sus rifles, lo que hacía un máximum de cien tirospor soldado.
Los cuerpos más favorecidos, como el 7° Cazadores del Cuzco, podían contar, en caso de un combate inopinado, hasta con 18 paquetes, o sea 180 tiros; pero había batallones como el Puno que no tenían sino 9 paquetes, y otros como la columna de Ayacucho, sólo 4.

En cuanto a la guardia nacional, la escasez rayaba en lo grotesco, porque si bien el batallón de Iquique que mandaba el coronel Ugarte guardaba en su cuartel cuatro paquetes, o sea cuarenta tiros por plaza, a las columnas Loa, Naval y de Honor no les cabría sino a razón de dos paquetes por plaza, o sea, el fuego de cinco minutos en línea o en guerrilla.
La proporción de las municiones para los diferentes sistemas y calibres, tan fácilmente equivocados en la confusión de una batalla, eran las siguientes, según minuciosos estados oficiales:

Municiones para rifles Comblain…………J 3,230 paquetes.
Municiones para rifles Chassepot………….11,279 paquetes.
Municiones para rifles Peruanos………….. 17,401 paquetes.
Municiones para rifles Carabinas ……………2,191 paquetes.
TOTAL …………………………………………………44,101 paquetes.

En la proporción de cien tiros por paquete que dejamos expresada, el total subía a los 44 mil tiros, que, como en su lugar habremos de ver, correspondían a los dos millones largos que a la sazón y en el propio día (mayo 9 de 1879) existían en el parque de Antofagasta. Era a la verdad tan asombroso el desbarajuste de aquel país rico hasta la fábula, que dos meses más tarde, ydespués de levantado el bloqueo temporalmente en mayo, el ejército de Tarapacá había logrado duplicar apenas su provisión de municiones, lo que ayuda a explicar sus derrotas sucesivas. El 1° de julio las municiones depositadas en el parque del Alto del Mofle ascendían apenas a 849,668 cartuchos, número que se completaría hasta un millón con las municiones diseminadas en los cuerpos.

Se habrá observado también que durante todo el curso de la campaña, los peruanos jamás han tirado al blanco, lo que a su vez explica las malas punterías de sus tropas. Agregaremos todavía que en los estados de julio aparece un sexto sistema de rifles, el Minié peruano, cuya provisión de fuego alcanzaba a cien mil cartuchos.

En consecuencia, de este estado de cosas que acusa una verdadera descomposición en el desgobierno del desventurado país vecino, podía asegurarse, militarmente hablando, que el ejército de Tarapacá no era sino una sombra, porque, además de encontrarse disperso y mal armado, carecía de las municiones suficientes para mantenerse en línea de combate más de media hora; de suerte que si una división chilena de dos o tres mil hombres hubiera llegado a Iquique embarcada en nuestra escuadra el 5 de abril, o un mes más tarde, o si se quiere, en el día nefasto en que a mediados de mayo puso su proa al norte el contraalmirante Williams, Tarapacá habría caído en nuestras manos seis meses antes de Pisagua y de San Francisco, dando así a la guerra el empuje originario que, como el movimiento inicial del proyectil en el ánima del arma que lo arroja, asegura su éxito y lo precipita.

No hay por esto figura en asegurar que hasta la jornada marítima del 21 de mayo, la provincia de Tarapacá estaba de hecho indefensa y su ejército desarmado, a disposición de los chilenos.

Y a fin de que se forme concepto exacto de una proposición tan avanzada, copiamos en seguida un notable documento oficial peruano de esa época que lo confirma por completo, y dice así:

ESTADO MAYOR GENERAL DEL EJÉRCITO DEL SUR

Iquique, mayo 9 de 1879

“Una vez que este E.M.G. pudo conocer el número de armamento y municiones con que cuentan los cuerpos del ejército, llamó seriamente su atención lo exiguo de las segundas, que por esta causa no bastan a hacer frente al consumo de veinte minutos de fuego, llegado el caso de que haya necesidad de emplearlas.

El cuadro que tengo la honra de acompañar a usted asignado con el número 1 manifiesta claramente con cifras aritméticas, no solo esta verdad sino que persuade también de que resultan cuerpos como los de la Guardia Nacional, que por el reducido número de paquetes que tienen puede reputárseles como desarmados. Por consiguiente nada
más imperioso para las operaciones que tengan que emprenderse, que la necesidad de crear un parque que llene esas exigencias y en donde deben conservarse las municiones de repuesto que ahora solicito y que parecen en la razón número 2, para que de este modo haya como atender sin zozobra a las demandas naturales.

En el ramo de artillería, por fortuna, por ahora no son tan grandes las necesidades que se sienten: no obstante, convendría muy bien que se la atienda con los artículos considerados en la razón número 3.

En apoyo de esta petición no necesita este E. M. G. agregar ninguna otra razón plausible, porque ella está al alcance de la alta penetración de U. S. por sus conocimientos y experiencia en las exigencias de la guerra, por lo cual se promete, que siendo bien aceptado por U. S., se dignará solicitar del supremo gobierno la remisión de esos artículos o lo que crea más conveniente”.

Dios guarde a U. S.

El coronel sub jefe.

Antonio Benavides.

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